Abogado para casos de homicidios

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Abogados penalistas especializados en casos de homicidios

Mientras más grave sea el delito que se imputa, más inconcebible suele parecer la conformación de una buena defensa penal.

Sin embargo, toda persona acusada penalmente tiene que comparecer ante la justicia proveído de un abogado defensor, sin que sea óbice para ello el grado de dificultad de su caso desde el punto de vista de la defensa, o la gravedad de las acciones cometidas.

Los sicarios y los homicidas destacan dentro de los imputados con respecto a los cuales la defensa se presenta como una labor verdaderamente ardua.

Acompáñenos a develar los secretos de un buen abogado defensor de sicarios y homicidas. Pero antes, permítanos exponer la diferencia entre el actuar de los denominados sicarios, y el homicidio como figura delictiva simple, lo cual constituye el punto de partida para la preparación de una defensa adecuada para procesos criminales de esta índole.

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EL HOMICIDA Y EL SICARIO NO SON LO MISMO.

Como homicida se califica al que cometió el delito de homicidio, actuar punible que tiene una construcción penal muy básica: Matar a otra persona. Sin más explicaciones. Por lo tanto, el homicidio se tipifica siempre que se cometa una acción de agresión que desemboque en la muerte de la víctima, con una relación directa de causa y efecto. Cuando concurren otras circunstancias, cambia la calificación del delito, puesto que se tipificaría el asesinato, o cualquier otra tipología delictiva que redunde en pérdida de vidas humanas, como podría ser el terrorismo, por ejemplo.

El sicario, a pesar de que su actuar consiste principalmente en matar, no se califica como homicida, toda vez que la actividad del sicariato entraña muchas otras aristas que lo hacen escapar de aquel concepto tan elemental del homicidio.

En primer lugar, el sicario no solamente se dedica a asesinar. Los sicarios son, por decirlo de alguna manera, el brazo armado de las organizaciones criminales, el cuerpo que se encarga de la parte sucia del trabajo, aquella que no realizan por su propia mano los jefes ni los encargados de las operaciones tácticas y administrativas. Según las órdenes que le son impartidas, los sicarios ejecutan tareas inherentes a la seguridad de la organización, como guardaespaldas, vigilancia, etcétera; envío de advertencias; chantajes; secuestros; venganzas; eliminación de testigos. Y sí, muchas de las tareas asignadas implican matar, pero también golpear, herir, mutilar, o solo asustar y coaccionar.

No siempre el sicario pertenece, permanentemente, a una organización criminal, muchos actúan de forma independiente, cumpliendo trabajos que le son encargados, pero, luego de recibir el pago, no subsiste un vínculo con quien fuera solo un empleador eventual.

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Aun en los casos en que el acto cometido por el sicario es quitar la vida, el mismo no califica como homicidio, puesto que la intervención de un precio por medio lo califica instantáneamente como asesinato.

El sicario es un asesino a sueldo, mientras que el homicida actúa movido por otras razones que no incluyen el pago de un precio.

El sicariato es un modo de vida para el sujeto, mientras que el homicidio generalmente constituye un hecho aislado.

ACTUACIÓN DE LA DEFENSA EN LOS CASOS DE SICARIOS.

El abogado defensor de un acusado como sicario, consciente de la suprema gravedad de dicha imputación, dirige sus esfuerzos a valorar, en primer lugar, los hechos que constan probados y que dan lugar a una acusación de esta envergadura, y hasta qué punto la probanza de los mismos está consolidada.

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Veamos un ejemplo práctico para ilustrar en qué consiste el análisis de la defensa desde este punto de vista:

La fiscalía cuenta con pruebas indiscutibles de la agresión cometida por el acusado contra dos personas diferentes. A la primera víctima propinó una golpiza que puso en peligro su vida y le dejó secuelas, y a la segunda la mató. Si, no obstante lo anterior, el ministerio fiscal no cuenta con pruebas de que, en los dos casos, el sujeto actuó bajo las instancias de un empleador que le pagó por ello, la defensa está en condiciones de trabajar en pos de la calificación de un delito de agresión o lesiones graves, y un homicidio, lo que, pueden creerlo, es muchísimo mejor que el tratamiento del caso como ejercicio del sicariato.

En este sentido, es preciso decir que la probanza del carácter laboral de la relación entre el sicario y su empleador tiene que ser concreta, jamás basada en presunciones ni suposiciones.

En el peor de los casos, cuando la probatoria de la actuación como sicario resulta inatacable, la defensa, para procurar el mejor resultado posible, puede hallar asidero en circunstancias tales como:

- Extrema juventud del acusado, lo que lo hace vulnerable a los efectos propios de la personalidad aun en formación.
- Procedencia social del acusado e influencia de la misma en la conformación de su percepción de la vida y los principios que guían su proyección conductual.
- Patologías o condiciones médicas que afectan la psiquis, y condicionan su forma de interactuar con la sociedad.

ACTUACIÓN DE LA DEFENSA EN LOS CASOS DE HOMICIDIO.

La defensa fija su atención en las evidencias materiales que se proponen para demostrar la ubicación del acusado en la escena del crimen, así como aquellas de índole subjetiva, como las relacionadas con la motivación y la oportunidad para cometer el delito.

Las pruebas en que se base el ministerio fiscal pecan de débiles si son inconsistentes o circunstanciales, es decir, que dependan de la concurrencia de otros elementos, porque por sí solas no son suficientes para crear un convencimiento pleno.

En los casos en que, ante la existencia de una concluyente carga probatoria, o porque el acusado estuviese confeso, no fuera posible alegar inocencia y aspirar a la retirada de los cargos, la defensa se posiciona en función de las causas que eximen de responsabilidad penal, y de toda la atenuación posible de la misma.

Un abogado defensor con experiencia en homicidios está ampliamente capacitado para determinar, de las circunstancias de este tipo que recoge la legislación penal vigente, aquellas que resulten plausibles para aplicar en el caso concreto.

Por ejemplo, la legítima defensa es una de las eximentes más socorridas cuando se trata de homicidios, sin embargo, para que sea factible debe apreciarse en el caso, y poderse probar convincentemente, el peligro inminente al que estuvo expuesto el acusado y que motivó su reacción, la que derivó en la muerte de la víctima, así como que tal reacción defensiva carecía de alternativas no agresivas.

Para verlo de manera práctica: No se acogería la legítima defensa en relación a quien mató al que intentaba matarle a él, si se prueba que tuvo posibilidad de escapar del peligro, pero escogió enfrentar al agresor. Como tampoco si se observa una marcada desproporción entre el ataque que se recibía y la reacción defensiva, por ejemplo, quien mata a otra persona que le estaba insultando.